SATANISMO, ESTÉTICA Y MUJER

 Erothic Anaïs

 

     Existe uno de los pecados satánicos, concretamente el último, el llamado "Falta de sentido estético", que supongo no se refiere estrictamente a la estética personal si no a la misma en todos los sentidos. Pero hay un aspecto de ello referido a la mujer que como poco me asombra.

     Vale que se trata de establecer la diferencia natural entre los sexos, sin gazmoñerías. Vale que se trata de hacer relevante el poderío sexual y de despertar la poderosa energía que de ello emana en toda la concurrencia. Pero me parece a mi que el tal La Vey resulta, al menos en estas cuestiones, absurdo, inclusive retrógrado.

     Este señor, que también ha promulgado qué es y qué no es pecado en la ideología satanista, propone y dispone que en rituales conjuntos los hombres deben llevar una túnica negra y las mujeres atuendos sexualmente atractivos (????). ¿Por qué? ¿Es que piensa este hombre que la gente va a acudir a un ritual vestida con el traje regional y por eso establece unas pautas mínimas en la vestimenta? ¿Y si a mi me apetece ver a los hombres con atuendos sexualmente atractivos?, ¿qué hago?, ¿me voy a otro ritual?, ¿o en señal de protesta me encasqueto una túnica hasta los pies, o mejor, me pongo una coraza medieval?

     También dice, según el Libro de Satán, en su obra "La Bruja Satánica" que la mujer, al vestirse, debe inspirarse en las grandes y seductoras actrices como Marilyn Monroe, y en las modelos de "revistas para hombres". Aconseja el dominio de las dotes culinarias, aprender a cantar para el disfrute del hombre, saber decirle mentiras deliciosas en el momento oportuno, conocer la preparación de filtros amorosos..., entre otras lindezas. No dice nada, pero lo digo yo, de llevar un collar de perro con cadena; eso sí, la cadena cubierta de piedras preciosas, no nos vayamos a pensar que no se nos valora, ¡¡por favor!!

     Hace unos días visité una conocida página web satanista y aquí también están totalmente de acuerdo con el tema, hasta dan un minicursillo de como vestirse haciendo uso de todos los instrumentos de tortura que la moda ha puesto a nuestro alcance, a nosotras féminas descarriadas que nos ponemos unos vaqueros y unas zapatillas y nos creemos tan felinas. Si, hablo de instrumentos de tortura, que todavía existen.

     Ya nos libramos de los cinturones de castidad que llegaban a provocar violentas infecciones en el aparato genital; ya nos libramos del corsé que al desplazar las costillas causaba desmayos por falta de respiración y mas tarde, con el uso, auténticas deformaciones. Era esto muy apropiado para explicar nuestro histerismo, que el que estuviéramos encerradas en jaulas de oro nada tenía que ver, no señoras.

     Pero todavía nos queda, loado sea Satanás y su profeta La Vey, el zapato de tacón. Instrumento de tortura, bello como ninguno, que efectivamente proporciona una largueza elegante a la pierna femenina y hace caminar a la mujer contoneando voluptuosamente las caderas ( es que no puede caminar de otra forma).

     También provoca dolores de pies y de columna que pueden llegar a ser terribles, amén de las llagas cuando el jodido zapatito es nuevo.

     No nos pongamos “panties”, queridas adeptas, aunque sean el colmo de la comodidad, ¿a quién pone cachondo eso?, utilicemos ligueros con medias, y si por el frío se nos constipa el coño, es un sacrificio que vale la pena, hermanas.

     No utilicemos prendas anchas, sacrílegas mías, lo natural es la goma y el “elastán”, marcar tipo si es que tenemos la fortuna de poseerlo, aunque nuestras piernas se llenen de dolorosas varices por la mala circulación sanguínea consecuencia de la opresión. Hay que ponérsela bien al maestro La Vey y a todos sus discípulos, en ello está nuestro encanto y nuestro poder, ¿que no os habías enterado, pecadoras?

     Tampoco es cuestión de ir hecha una pordiosera, claro, ni confundir los términos. Recordemos a esas pobres mujeres de los setenta que renunciaron al sujetador (el cual, mira por donde, no hace daño y puede hasta gustarnos) y años después comprobaron que la fuerza de la gravedad había tirado de sus senos antes de lo previsto. Si a ti, amiga, te ponen los tacones de aguja pues adelante, que sea tu decisión; ¿que solo te gustan para muy concretos momentos?, pues bien, ahí están para ti; ¿que los odias a muerte?, pues nada... ¡que viva lo plano! El hecho es que ningún señor, por muy satánico que sea, debe decirnos como vestirnos.

     Podríamos considerar la diferencia entre "mujer sexy" y "mujer sexual", incluso que puede existir una explosiva combinación de ambas.

     La mujer sexy probablemente se viste como le gusta a nuestro gran satanista, hace gala de gestos provocativos y tiene una corte de admiradores allá donde coloca su lindo piececito.

     La mujer sexual puede o no vestir así, pero sus movimientos naturales la delatan; a lo mejor no es de gesto provocativo pero sus ojos contarán verdades. Y seguramente no podrá presumir de una gran cantidad de fans masculinos, porque claro, con una mujer así uno corre un riesgo imprevisto, no sabe realmente a que atenerse porque no está directamente a la vista lo que se percibe, que confusión.

     Ambas mujeres, la sexy y la sexual, pueden conseguir sus fines, eróticos o no, con idéntico éxito, la diferencia consiste en que en la primera la seducción es calculada, dramática (en el sentido teatral) y a veces incluso despiadada. En la segunda la seducción es a menudo inconsciente y concreta, pero probablemente mas duradera. Si encontramos una combinación, caso en mi opinión de la atractiva, que no guapa, Marilyn Monroe, los resultados pueden llegar a ser tan palpables que hay que limitarlos, pues pueden rodar hasta las benditas cabezas presidenciales.

     No nos avergoncemos de ser mujeres y de mostrar nuestro cuerpo si nos apetece, pero no nos avergoncemos tampoco de tomar nuestras propias decisiones, y si nuestro deseo no es ese, actuar en consecuencia sin temor a que se nos tache de estrechas, reprimidas o, también ha habido casos, de “poco mujeres".

     Que no nos corten a todas con el mismo patrón. Ejerzamos nuestro individualismo.

     No permitamos que alguien que nunca ha tenido cuerpo de mujer pretenda saber como debe este presentarse al mundo.

     Que nadie se atreva a mirar por nuestros ojos.

     ¡¡Rebelión!!


©
Erothic Anaïs

 

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