LA BARRACA DE LAS CABEZAS PARLANTES

Texto: Óscar Mariscal. Fotografía: Belén Fernández.

 

Distinguido público: “Cabezas parlantes” es lo que les prometimos; y verán, en efecto, algunos juegos con autómatas hidráulicos, mecanismos delirantes, estatuas animadas, e hileras de frascos con testas adivinas conservadas en salmuera, cuyos oráculos esperamos, no les auguren sino dicha...

La vía necromántica o toledana:

A la siniestra industria de la vida artificial de los antiguos sirios, debían los taumaturgos judíos y los necrománticos toledanos de los siglos XIII y XIV todos sus conocimientos sobre la elaboración de homúnculos y cabezas agoreras; la “vía toledana” no desdeña arcanas técnicas de reanimación ni pavorosas evocaciones diabólicas. Este procedimiento pertenece al entrañable Diccionario de las Ciencias Ocultas, publicado por La Irradiación a principios del S. XX: Tras estrangular a un niño, le cortaban la cabeza para ponerla en sal y embalsamarla. Colocábase la cabeza sobre una plancha de oro, donde se grababa el nombre del espíritu maligno al que se dedicaba la muerte de la criatura; la rodeaban de velas encendidas y le ofrecían especiales adoraciones para obtener la buscada contestación.

Así, la cabeza de bronce cabeza sabia, cabeza habladora, cabeza respondona, y admirable cabeza– propiedad del caballero don Antonio Moreno –en el capítulo LXII de la Segunda Parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha–, había sido hecha y fabricada por uno de los mayores encantadores y hechiceros que ha tenido el mundo –un polaco alumno de Escotillo, el cual estuvo aquí en mi casa, y por precio de mil escudos que le di labró esta cabeza, que tiene propiedad y virtud de responder a cuantas cosas al oído le preguntaren.

Si debemos creer al doctor Bataille y su Le Diable au XIX Siècle, y a Diana Vaughan en sus Memoirs, la cabeza momificada de Alberto Pyke, mágicamente reanimada, seguiría rigiendo los destinos del luciferismo internacional desde alguna capilla subterránea del Rito del Paladio. 

La vía científica o alejandrina:

Otros peritos constructores de artilugios, oponen el concurso de la mecánica, la automática y la informática, a las prácticas de la hechicería. Cada hito en el desarrollo de estas ciencias, constituye la cabeza de un complejo y variopinto linaje de máquinas que parodian el comportamiento humano:

Las estatuas parlantes de mandíbula móvil en el antiguo Egipto; Herón de Alejandría y su “manual” para la fabricación de androides; la guardia mecánica imperial China; la orquesta automática de Apolonio de Perga... El cuadro de autómatas del “Trono de Salomón” en Bizancio; las rameras artificiales construidas por Virgilio, y las cabezas parlantes de Alberto Magno.

A finales del S. XVIII Von Kempelen, autor asimismo de sofisticados bustos automáticos, construye su “jugador mecánico de ajedrez”, que derrotaría a Napoleón y fascinaría a Poe. La segunda mitad del S. XIX vio la proliferación de ingenios parlantes y musicales, de naturaleza mecánica y neumática...

Tras el escaparate de una tienda de postizos capilares de la Gran Vía madrileña, una barbada testa artificial saluda a los transeúntes haciendo subir y bajar su peluquín articulado; tiene cierto aire altivo este coqueto autómata, a pesar de la mugre que acumula después de tres décadas de función ininterrumpida.

Ya en el S. XXI, el cerebro de la “cabeza animatrónica” creada por Ken Feingold, es un procesador Intel de última generación montado en un potente ordenador dotado de sistema operativo Linux, y una aplicación de reconocimiento de voz. La arquitectura cliente-servidor del sistema permite a Head tener sus “oídos” en un sitio de Internet, su “mente” en otro y su “boca” en un tercero:

Visitante: Hola

Cabeza: Hola

Visitante: ¿Cómo estás?

Cabeza: Yo no tengo sentimientos. ¿Quieres que me parezca a otra cosa?

Visitante: Haces unas rimas muy extrañas.

Cabeza: Estoy agotada. Ojalá alguien me apagara...

Ken Feingold (1952) es un reconocido video-artista; algunas de sus instalaciones forman parte de las colecciones del Centro Georges Pompidou de París, o del Museo de Arte Moderno de Nueva York. La garganta electrónica de Head vibró por vez primera en la exposición Allien Intelligence (febrero a mayo del 2000), en el Museo Kiasma de Arte Contemporáneo de Helsinki.

© Óscar Mariscal y Belén Fernández

 

 

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