EL
TIEMPO DE LA NOCHE
William
Sloane
Ediciones
Minotauro, Barcelona, 1960, 1974, 1996. Traducción de Ricardo Gossein.
250 páginas
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Siempre que alguien me pide que le recomiende
“una buena novela” no dudo ni un segundo : El tiempo de la noche.
¿Por qué? pues, en pocas palabras, porque creo que quien
la lee no la puede olvidar.
Cuando yo la “descubrí”, hace ya
muchos años, quedé tan impresionado que al finalizarla (la
leí de un tirón, incapaz de despegar la vista de sus líneas)
empecé a leerla de nuevo con igual o mayor placer. Desde entonces
no ha pasado un solo año sin que, como mínimo, la haya releído
al menos una vez. El tiempo de la noche, To Walk the Night en su título
original, es una novela de William Sloane (1906-1947), editor y escritor
norteamericano (más lo primero que lo segundo) que sólo escribió
dos obras: la que recomiendo y The Edge of Running Waters.
El tiempo de la noche
se publicó en 1937 sin que por ello haya perdido ni un ápice
de su frescura ni de su vigencia. Fue recibida por crítica
y público con tanto entusiasmo como desconcierto. Ello obedece al
hecho de que esta obra resulta de difícil clasificación ya
que no corresponde a ningún género claramente definido, en
todo caso podría incluirse en el amplio y proteico apartado de lo
fantástico. El tiempo de la noche, en efecto, participa de
varios géneros aunándolos y amalgamándolos magistralmente:
ciencia-ficción, relato policiaco, drama psicológico, terror...
Pero al margen de etiquetas o clichés más o menos estereotipados
Sloane deja que su relato fluya espontánea y libremente - más
como un manantial que como un torrente - para explicarnos una sobrecogedora
historia cuya fuerza, grandeza y horror no radican, por cierto, en lo que
se dice explícitamente sino en lo que el lector, de forma progresiva,
va intuyendo o presintiendo. Nos hallamos ante un relato intimista, hondamente
emotivo, sin trucos, tremendismos ni “efectos especiales”, que comienza
de una forma casi prosaica y a medida que avanza va adquiriendo cada vez
mayor calado hasta desembocar en el estremecedor final. Sin embargo que
nadie se engañe: aquí no hay monstruos, sádicos o
psicópatas. Tampoco hay escenarios inusuales, extraños o
rebuscados ni situaciones forzadas o extremas. Todo lo contrario.
La profunda sacudida emocional que se experimenta al leer la obra radica
precisamente en su aparente normalidad, rota tan solo por una habilísima
concatenación de detalles y pequeños sucesos, supuestamente
inocentes o fortuitos, que conducen inexorables, fatalistas, hasta el inevitable
final que queda, hasta cierto punto, abierto (o mejor entreabierto). El
relato es narrado en “tiempo real” durante una noche y en primera persona
por uno de los cuatro personajes básicos de la obra. Al no ser,
pues, una novela coral, el lector puede familiarizarse con los protagonistas,
magistralmente concebidos y dibujados, y sus respectivas psicologías
e idiosincrasias así como comprender perfectamente el sentido de
sus relaciones, actitudes y comportamientos. En este sentido El tiempo
de la noche es una obra honesta, sentida y, repito, profundamente emotiva,
impregnada toda ella de una tenue y brumosa melancolía que la hace
aún más atractiva si cabe. Pero no se crea que por ello deja
de ser creativa o interesante. Es imaginativa como pocas, apasionante en
el más alto grado, única e irrepetible, como todas las grandes
creaciones. Tal como comentó el prestigioso The New York Times
en su día: “El lector pasa sin aliento las páginas”
deseoso, añado yo, de averiguar qué misterio, qué
extraño y pavoroso secreto, se oculta tras la inolvidable y seductora
figura de Selena, especie de Artemisa-Hécate reencarnada,
qué le sucedió en realidad a la pobre y disminuida psíquica
Louella,
cómo se produjo la combustión espontánea de un introvertido
profesor de universidad, cual fue el significado de aquel extraño
y denso silencio en un estadio abarrotado de público durante un
importantísimo y capital partido de “foot ball” o, sobre todo, qué
motivó el enigmático e inexplicable suicidio de aquel joven
y prometedor matemático recién casado.
El tiempo de la
noche es, en fin, tal como dice Basil Davenport en su magnífica
introducción a la obra, “una nueva y posible interpretación
del tiempo y la vida del hombre”.
Enric Crespi i Mas
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