EL RECOMENDADO 12

  PERFUM DE TENEBRES, de Emili Gil (Brosquil Edicions, València 2000). 131 páginas.

Los perfumes que exhalan estos seis relatos se sitúan entre la fragancia inquietante de Poe y el olor a antigua biblioteca de Lovecraft. A medio camino entre un París fantasmagórico y literario y Àiled, el pueblo imaginario de la infancia, de las tinieblas de Emili Gil (La Sénia, 1969) se hallan en un "no man’s land" de la consciencia donde las cosas más prosaicas y las sensaciones más habituales pueden esconder un peligro inesperado. Desde "La ressaca" que abre la antología describiendo efectos inéditos del abuso del alcohol (quizá el hada verde, la absenta, como lo deja pensar el epígrafe, cita de Théophile Gautier) hasta "La cançó freda" que concluye el libro, Emili Gil demuestra toda la vivacidad de una tradición, la fuerza de un género desgraciadamente poco cultivado en catalán. Cementerios, pactos oscuros, amores inconfesables y pasiones góticas se mezclan con las numerosas alusiones a Rimbaud, Baudelaire, Byron o Poe para crear un mundo entre pasado y presente, entre la más precisa realidad y la pesadilla más inquietante. Las citas poéticas que abren los relatos dan su melodía a cuentos que saben utilizarlas como telón de fondo para llevar a los personajes hacia la oscuridad y el terror, hacia los misterios de la infancia y los viajes a ciudades imaginarias o reales.

Uno de los protagonistas es siempre, en los seis relatos, el lugar. En "Nit de pluja a París", por ejemplo, el muy turístico París de Montmartre, el de los cabarets y el de la "bohème" es el que decide. Al subir las escaleras de la Butte, el narrador abandona su destino en manos de la ciudad misma. Pero tal vez el ejemplo más espeluznante del efecto que ejerce el lugar sobre la trama se encuentra en "La nou", donde un simple huerto se convierte en el desencadenante de un peculiar asesinato. De nuevo el protagonista es un elemento del decorado: un nogal, que utiliza la inocencia de un niño pequeño para llevarlo al crimen.

En los cuentos de Emili Gil, el Mal no proviene de los seres humanos, sino más bien del "Génie du lieu", esa fuerza fantástica de los lugares, invisible para quienes no saben verla. Así se debe entender la frase de Gauguin que el autor cita en "La nou": “Miro las flores inmóviles como nosotros. Escucho los grandes pájaros sostenidos en el espacio y entiendo la gran verdad”. Esta gran verdad se revela la hombre cuando él empieza a darse cuenta de las fuerzas que actúan a su alrededor, cuando, a través de sus sentidos y gracias a la mediación del lugar, entra en el mundo real y deja atrás la ilusión de la normalidad. Este planteamiento y la facilidad con que el autor nos hace percibir la realidad de lo fantástico le permiten entrar en una tradición literaria que abarca desde Maupassant hasta Cortázar. Traductor de Lovecraft, Percy Shelley, Gérard de Nerval,  Poe y Baudelaire al catalán, Gil sabe dialogar con sus maestros sin perderse a sí mismo, encontrar su estilo y adaptarlo a las numerosas voces que pueblan sus cuentos: en primera persona, adolescentes, niños, viajeros y mujeres enamoradas se caracterizan por sus propios lenguajes. Estos puntos de vista confieren al libro su originalidad pero también, como la otra cara de la moneda, su falta de unidad: multiplicar los perfumes exquisitos puede resultar frustrante si el plato que los exhala queda demasiado pequeño.

 Mathias Enard

(reseña publicada en Lateral, junio 2002, y cedida por el autor a Lovecraft magazine)  

Más información en la web de Emili Gil

 

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