El placer de fumar                              



Fueron los norteamericanos los que a principios y hasta bien entrado el siglo XX se dedicaron a promocionar la idea e imagen del hombre y la mujer fumadores. Nos introdujeron el concepto, especialmente a base de películas de todo tipo, de que una persona fumadora era una persona adulta, íntegra e inteligente, que se tomaba la vida con filosofía y, al mismo tiempo, con la dureza necesaria. Sin olvidar, claro está, la ternura e incluso la seducción que representaba el mismo hecho de fumar. Fueron ellos, insisto, los norteamericanos. Dicen que el impulso más fuerte de dicha publicidad tabaquera se dio, al menos al principio, cuando los soldados de los USA expulsaron a los nazis, a las postrimerías de la 2a Guerra Mundial. Sea como sea, resulta que ahora, desde ya hace algunos añitos, los mismos norteamericanos están promocionando la idea contraria: ahora los que fuman en los films son los malos, y los de fuera de los films ya ni te cuento: nos tratan a menudo como terroristas, como desechos de la humanidad. Una vez más nos engañaron. ¿Mejorar la calidad de vida? ¿La salud? ¿A qué llamamos calidad de vida? ¿Y salud? ¿A tener un sofá, televisión, coche, móvil, estar obsesionados con el peso, trabajar de 8 a 14 horas ganando un sueldo con el que no llegas ni a final de mes y descansar tan sólo lo justo para volver al tajo esclavizante? Recuerdo que de joven en la escuela me explicaban los profesores de entonces que, en un futuro no demasiado lejano -por allá el año 2000, decían-, la mayor parte del trabajo la harían las máquinas, dando así un margen de tiempo suficiente para que las personas lo dedicásemos a nuestro autoconocimiento, cultura y CREATIVIDAD, que falta nos hace. Lo remarco: cre-a-ti-vi-dad. ¿Dónde quedó esa idea? ¿Alguien la recuerda? Existen todavía facciones en el poder que ponen todo su empeño para que la mayoría de gente continuemos en la ignorancia; así se nos manipula mejor. Por todo ello y otras cosas que a menudo me sacan de quicio, aquí mi pequeño tributo al placer de fumar (y sobretodo a la posibilidad de poder hacerlo, a la libertad de escoger), evocando un entrañable tango (a propósito: ya lo dice el refranero popular que "la vida es un tango").

Emili Gil

 

Fumando espero

(Música de Juan Viladomat Masanas y letra de Félix Garzo, 1922)

 

 

Fumar es un placer
genial, sensual.

Fumando espero
al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales
de alegres ventanales.
Mientras fumo,
mi vida no consumo
porque flotando el humo
me suelo adormecer...
Tendida en la chaisse longue
soñar y amar...
Ver a mi amante
solícito y galante,
sentir sus labios
besar con besos sabios,
y en el devaneo
sentir con más deseos
cuando sus ojos veo,
sedientos de pasión.

Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.

Dame el humo de tu boca.
Anda, que así me vuelvo loca.
Corre que quiero enloquecer
de placer,
sintiendo ese calor
del humo embriagador
que acaba por prender
la llama ardiente del amor.

Mi egipcio es especial,
qué olor, señor.
Tras la batalla
en que el amor estalla,
un cigarrillo
es siempre un descansillo
y aunque parece
que el cuerpo languidece,
tras el cigarro crece
su fuerza, su vigor.

La hora de inquietud
con él, no es cruel,
sus espirales son sueños celestiales,
y forman nubes
que así a la gloria suben
y envuelta en ella,
su chispa es una estrella
que luce, clara y bella
con rápido fulgor.

Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.

 

 

Marlène Dietrich hechando un pitillo

 

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