LA CORRECCIÓ DE L'IMPACTE AMBIENTAL 

 

Presentació

Documentació

Nota de Premsa

 

 

 

 

Presentació


EL DEGÀ DEL COL·LEGI D'ENGINYERS DE CAMINS, CANALS I PORTS - CATALUNYA,

EL DELEGAT D'APROMA A CATALUNYA tenen el gust de convidar-vos a la conferència

LA CORRECCIÓN DEL IMPACTO AMBIENTAL:
¿UN DERECHO DEL HOMBRE O UN DERECHO DE LA NATURALEZA?

José Pérez Adán Filòsof, Doctor en Sociologia i Ciències polítiques,
Professor de Sociologia de la Universitat de València

Referències professionals: José Pérez Adán

Va rebre la seva formació universitària a Barcelona, València i Sidney. Actualment, és professor de Sociologia a la Universitat de València; és president de la Sociedad Española de Socioeconomía i del Grupo Ecológico Mediterráneo. Ha estat professor convidat a universitats dels Estats Units, Kènia i diversos països hispanoamericans. Ha publicat una gran quantitat d'articles científics i més de deu llibres, entre els quals es poden destacar: "Socioeconomía", "Sociedad y Medio Ambiente", "Sexo: razón y pasión" i "La Salud Social".

Divendres, 12 de Novembre, 18:30 hores
Sala d'Actes

Col·legi d'Enginyers de Camins
C/Els Vergós, 16 - 08017 Barcelona

 

Documentació


LA CORRECCIÓN DEL IMPACTO AMBIENTAL;
¿UN DERECHO DE LA NATURALEZA O UN DERECHO DEL HOMBRE?

José Pérez Adán
Departamento de Sociología
Universidad de Valencia

____________________________________________

TIEMPO, DIACRONÍA Y PROPIEDAD

Desde que la preservación del entorno se entiende como un bien ilusorio y difícilmente asequible, los criterios asumidos sobre la bondad de la continuidad histórica han dado un vuelco revolucionario. La finitud del mundo y de la historia son en este fin de milenio materia común de debate y por eso, la misma idea de progreso está en revisión. En este contexto, digamos desde el principio que el mensaje que queremos transmitir aquí es que la crisis medioambiental es una crisis de convivencia y que si esa crisis ha de resolverse, la solución biforme pasa primero por el reconocimiento social de la diacronía, y segundo por la sustitución del individualismo como uno de los conformantes básicos de nuestra cultura.

Los estudios sobre medio ambiente han puesto claramente sobre la mesa el tema de la finitud del mundo. Así, estamos empezando a dialogar con la muerte cósmica, y nos preguntamos: ¿hay alguna razón ética por la que sea mejor la continuidad histórica que la discontinuidad, siempre y cuando ésta no sea directamente procurada resultando en un atentado contra la discrecionalidad o libertad ajena?

Lo que en definitiva procuramos resolver con esta pregunta es la madre de todas las disyuntivas: si la naturaleza es un bien en sí o un bien para alguien. Si la naturaleza es un bien en sí, que da la casualidad de que es, además, condicionante para la vida y, por tanto, para la continuidad histórica, parece claro que la discontinuidad, el fin del mundo, o el holocausto ecológico, habrían de valorarse negativamente en todos los casos y supuestos. Ello, que parece, es opinión mayoritaria en la sociedad contemporánea (la disfuncionalidad de la muerte, tanto individual como colectiva, es asumida mayoritariamente), choca sin embargo con uno de los mismos presupuestos culturales del mundo occidental. Efectivamente, para el cristianismo, el fin del mundo, como su principio, son elementos funcionales contemplados como positivos por la misma escatología mesiánica.

Por el contrario, si la naturaleza es un bien para alguien, la discontinuidad no tiene porqué verse siempre como negativa antes de que ese alguien se pronuncie al respecto. El problema que plantea esta postura es la de descubrir a ese alguien. ¿Podemos descubrir a los dueños de la naturaleza, en el sentido de los que efectiva y legítimamente tienen poder sobre ella? Para nosotros, esta pregunta sobre la referencia para quien la naturaleza es un bien, tiene respuesta.

Nuestra postura es que la naturaleza es un bien para nosotros-todos-siempre.

Nosotros, en primer lugar, porque la naturaleza es nuestra presa: está al albur de los pensantes, para bien o para mal. Es un hecho que hoy en día el hombre cambia y modela el entorno e interviene en sus leyes. Independientemente de que sea más o menos racional un determinado tipo de comportamiento o influencia en el medio natural éste depende de los pensantes en primera instancia aunque pueda vengarse de ellos después.

Todos, en segundo lugar, porque la unidad del entorno colectiviza a la sociedad de un modo nuevo y radical. Todos somos el Norte y el Sur, el rico y el pobre, el negro y el blanco. En nuestro mundo interconectado y globalizado no caben apropiaciones selectivas y permanentes del entorno por parte de colectivos diferenciados sectorialmente. En este sentido todos somos al mismo tiempo víctimas del deterioro medioambiental.

Y siempre, en tercer lugar, porque la naturaleza en cierto sentido borra el tiempo. A ése alguien pertenecen tanto los pensantes que han sido como los que serán. El entorno es tan de aquéllos, como de éstos, como de los que somos ahora, que coincidimos en el tiempo (o en su ausencia) a través de las acciones de efecto diferido.

Por ello, si la naturaleza es un bien para nosotros, todos, siempre, el derecho y la propiedad sobre ella, con la discrecionalidad de uso en que derivan, pertenece a un colectivo social universal diacrónico, que sólo por usurpación puede disgregarse. La capacidad de usurpación, es, desgraciadamente, singularizable en el tiempo y en el espacio. Por eso, el deterioro medioambiental, cuando es producido por acciones desconsideradas para con el todos espacial y diacrónico al amparo del "yo con lo mío hago lo que quiero", resulta en usurpación por parte de quien ejerce el poder en el tiempo presente. No nos importa que esta afirmacion recuerde aquel famoso dictum de Proudhom de que la propiedad es un robo; sí, la abrogación de derechos por parte del viviente en perjuicio del futuro viviente es un robo y por ello decimos que el individualismo que lo ampara suponen usurpación. Es su etos antisocial lo que hace recriminable el individualismo y no solamente su manifiesta inquina contra el entorno natural. En lenguage cristiano, cuando alguien destruye y condiciona negativamente la naturaleza, lo que hace es pecar: robar algo que no es solo suyo y empeorar la vida de los demás. Además de pecar contra Dios por descuidar su jardín, se peca contra los demás a los que restamos un bien legítimo.

La naturaleza solo es nuestra si incorporamos en el pronombre a todos los que han sido y serán en todas las partes del mundo; si no: no. Claro que esto es difícil de entender para el que se cree propietario del entorno que le acoge. A fin de cuentas la naturaleza es vida y, como la vida se descubre en la sucesión consciente del tiempo, su gestión es un problema de gestión de tiempos y no de espacios sobre los que se pueda reclamar propiedad. De esta forma, las acciones u omisiones de efecto diferido perniciosas para el entorno son, hablando de nuevo en lenguage cristiano, como los pecados: si no los limpiamos pronto, restituimos y compensamos, producen daños irreparables más allá de la muerte: más allá de la muerte de uno para los que quedan aquí. Quizá el problema sigue siendo que en nuestros mapas mentales el espacio oculta al tiempo.

CÓMO DEBEMOS USAR LA TÉCNICA

La integración del tiempo en la economía se intenta hacer mediante el concepto de sostenibilidad, que viene del inglés, aunque a nosotros nos guste más la durabilidad de la que hablan los franceses. Quizá en el centro de los problemas que subyacen para la aceptación de un entendimiento uniforme del concepto de desarrollo sostenible está el que la geopolítica y la economía todavía no han llegado a un verdadero entendimiento del empequeñecimiento del mundo y la aceptación de la globalidad que han restado protagonismo a la variable espacial. En efecto, cuando se habla de desarrollo sostenible, muy raramente se inserta uno en el marco de la globalidad diacrónica y esta es una de las razones que claman por el estudio de los problemas medioambientales en una nueva dimensión.

El concepto de noosfera, introducido por Vernadsky hace ya unos años, en el sentido de resaltar la inmersión de la mente humana en el devenir del entorno, es utilizado aquí para darnos idea de que quizá los análisis realizados hasta ahora son incompletos. Entre las nuevas propuestas a considerar está el de deuda generacional diacrónica que pone restricciones a la idea de soberanía tal y como se ha venido entendiendo hasta ahora. Como vemos, el concepto de desarrollo sostenible es más complejo de lo que parece y ante él los instrumentos económicos usados por la economía neoclásica se quedan a nuestro juicio notoriamente obsoletos. El reto de la incorporación de la diacronía y de la globalidad impone alcanzar un mínimo de acuerdo que debe de estar basado en dos puntos de partida: la necesidad de establecer normas globales, y el carácter que deben de tener las mismas para ser ecológicamente aceptables. Así, podemos establecer las siguientes condiciones para la acción colectiva con impacto ambiental:

1.- Legitimidad, lo que implica un consenso participativo y el desarrollo de una ecopolítica global.

2.- Equidad, lo que supone la representatividad de las diferencias y desventajas territoriales (espaciales) y generacionales (temporales).

3.- Volición, lo que implica la ausencia de mecanismos de dominación.

Ver los problemas medioambientales desde la perspectiva de la diacronía y de la globalidad con estas tres condiciones, acabaría por depararnos unos parámetros de racionalidad distintos a los actualmente aceptados. La formulación de un concepto operativo y justo de desarrollo sostenible depende, pues, del marco que consideremos y cada vez nos parece más patente que en el marco de las relaciones económicas dominantes, cualquier tipo de desarrollo que vislumbre la desaparición de la pobreza sin dañar el medio es imposible y dañando el medio es insostenible. El esfuerzo ha de ponerse, pues, en el diseño de marcos alternativos donde hablar de desarrollo en un entorno limitado tenga sentido.

Es innegable que hay indicios de la existencia de una fuerte corriente de opinión abogando por formas alternativas de desarrollo, como nosotros mismos hemos expuesto en "La salud social" (1999), y que existe un extendido sentido de la obligación para con las generaciones futuras y el medio ambiente. Sin embargo falta que estas propuestas sean asumidas política y socialmente para que puedan ser llevadas a la práctica.

ENTRE EL RIESGO Y LA ESPERANZA

Vamos a referirnos ahora al marco conceptual en el que hemos de movernos para aplicar estos conocimientos a nuestra vida en sociedad a través del diseño de politicas de futuro. Nos situamos no equidistantemente entre dos posturas. Frente al optimismo de Joseph Huber y otros autores que defienden una modernización ecológica en el sentido de decir que todos los caminos que nos llevan a solucionar la crisis ecológica son también caminos que nos adentran en la modernización de la sociedad, y frente al pesimismo de Ulrich Beck (1986 y 1992) y otros que defienden el concepto de sociedades de riesgo en el sentido de decir que los riesgos globales superan totalmente la capacidad de respuesta de las organizaciones políticas existentes, nosotros apostamos por la duda en el sentido de caracterizar a nuestra sociedad como una sociedad sin proyeccion temporal. Estamos más cerca de Beck que de Huber, pero vamos a elaborar un poco sobre esto.

La tesis de Beck es claramente escéptica sobre la posible contribución de la tecnología aplicada a la solución de los problemas ecológicos. Beck nos dibuja una sociedad en continuo riesgo y organizada sobre la base del proceso negativo de distribución de riesgos (ecológicos). Allí donde esos riesgos son mayores éstos han desdibujado y subsumido las tradicionales formas de conflicto, hasta el punto de condicionar la distribución geográfica de las zonas de conflicto que ahora se situarán en la periferia con respecto a los focos de decisión. Beck anuncia en este contexto la proliferación de guerras periféricas y la nuclearización del Sur como un primer paso a la globalización de un riesgo mayor. La ciencia, cada vez más, se dedicará a la elaboración de cálculos de probabilidades de riesgo dejando claro que los riesgos "asumibles" han de considerarse neutros. Es lo que Beck llama el desenmascaramiento de la ciencia en la actitud del científico ante desastres como el de Chernobyl. El problema más importante es el de la aceptación incuestionada del riesgo "asumible" que acaba por ejecutarse y el paralelo incremento que se ve en la opinión sobre la necesidad de concentrar el poder para hacer frente a los casi ciertos peligros.

LA SOCIEDAD DEL RIESGO

RIESGOS

Sociedad preindustrial

Sociedad industrial

Sociedad postindustrial

Tipo

Peligros naturales: peste

Riesgos estructurales: accidentes

Disfunción endémica: inseguridad al azar

Dependiente de decisiones colectivas

No

Sí: el trabajo industrial

Sí: energía nuclear

Dependiente de decisiones individuales

No

Sí: hábitos (fumar)

No

Amplitud

Localizada

Generalizada

Ilimitada

Prevención

No

No

La opinión de Beck, que vemos reflejada en el esquema precedente, nos parece muy aprovechable. Nosotros, sin embargo, introduciríamos un elemento de duda acerca de la inevitabilidad del apocalipsis que anuncia la tesis de la sociedad del riesgo. No podemos pretender solucionar los problemas de futuro contando sólo con unos instrumentos operativos centrados exclusivamente en la inmediatez. Lo que nos falta es la introducción de la proyección de futuro, que no es otra cosa que una forma de solidaridad diacrónica en los requisitos de especialización tecnológica, lo que haría posible empezar a solucionar hoy los problemas de la siguiente generación. Esto, naturalmente, supone la introducción de elementos valorativos nuevos en el vigente ordenamiento económico: una nueva forma de racionalidad que podría muy bien decantarse por la socioeconomía de Amitai Etzioni , uno de los más influyentes pensadores contemporáneos, como alternativa a la economía neoclásica. No ignoramos los problemas que esto conlleva y no apostamos por que se vayan a superar. Simplemente nos queda la duda sobre la necesidad del colapso aunque mantengamos la certeza sobre la imposibilidad de mantener el status quo.

Para nosotros, esa duda, amén de los condicionamientos derivados de adoptar personalmente unos criterios operativos de coherencia interna, justifica el que corporativamente las empresas y demás sociedades intermedias efectúen cambios notables en sus planteamientos organizativos. En este orden de cosas, el primer cambio, debe de ir en la línea de una mayor concienciación ecológica en base a criterios de justicia y no de oportunidad y de una mejor formación universitaria en este campo. En muy pocas carreras se ofrece hoy en día una sólida fundamentación de la problemática medioambiental.

NUESTRA PROPUESTA: LA ECOLOGÍA INTEGRAL

Giddens (1991) ha elaborado un planteamiento interesante al discernir entre dos tipos de conocimiento: el conocimiento laico y el conocimiento experto. Aunque el tipo de conocimiento experto es en principio asequible a todos si se tiene tiempo y dinero, en la práctica la mayoría sólo puede ser experta en una o dos áreas de ese tipo de conocimiento. Por esto el sistema es opaco para gran parte de la población. La capacidad de conocer del agente está impedida por una inherente falta de información y de comunicación en el contexto de un sistema monopolizado por formas organizativas abstractas y donde prima el conocimiento laico. Esto genera una pérdida de poder para los agentes (la impotencia) y el desarrollo de lo que Giddens llama la mentalidad del superviviente que a modo de náufrago a la deriva en medio de los avatares que produce el desequilibrio ecológico deja su destino en manos del azar. Pues bien, hay que superar la mentalidad laica que se da en el mundo empresarial en lo que se refiere a los problemas ecológicos. La empresa, lo mismo que las administraciones públicas, debe de comportarse hoy en día en las relaciones con el medio consecuentemente con la adquisición de un conocimiento experto en la globalidad del reto ecológico que tenemos planteado en la medida en que éste afecta al nosotros-todos-siempre.

En esta tarea la sociedad contemporánea lleva un retraso considerable. La causa está en parte en que ni las ciencias de la naturaleza han sabido incorporar en su discurso a las necesidades humanas no estrictamente materiales y en que, por otro lado, la ciencia económica tampoco ha sabido incorporar en su universo autosuficiente de los valores de cambio a las necesidades derivadas de la inserción de la raza humana en un espacio finito. En ambos sentidos, por el lado de las ciencias puras y de las ciencias aplicadas, la Sociología puede muy bien contribuir a integrar y relacionar esos componentes olvidados en base a la experiencia que tiene en la investigación sobre lo que conforma a una sociedad como humana, lo que incluye sus relaciones con lo no-humano si es que a estas alturas algo queda de eso.

Por todo ello nos congratulamos al evidenciar cómo van surgiendo diversas especializaciones profesionales relacionadas con el ámbito del medio ambiente y la empresa y la demanda que la Sociología adquiere con ello. Hace falta que esta necesidad que denuncia el mercado laboral se traduzca a su vez en una reforma académica que incorpore la formación ecológica en la base de los estudios universitarios, y esto, repetimos, no se está haciendo.
Es en este contexto en el que proponemos la necesidad de sustituir los intentos de rematar al entorno mediante una "ecología mercantil", por una alternativa cultural nítida que llamamos "ecología integral".

ECOLOGÍA INTEGRAL

ECOLOGÍA MERCANTIL

Un nuevo estilo de vida ecológico;
contaminación cero Énfasis en los mecanismos de obtención y elaboración de productos

Enfoque global: la tierra es de todos

Alternativas al capitalismo

Ruptura con el vigente sistema de producción y consumo

Quien contamine que pague
Fomento del consumo ilustrado

Énfasis en el entorno local: los problemas microecológicos

Hacia una empresa con marketing ecológico en un mercado receptivo: el capitalismo verde

Autorregulación en el mercado mediante leyes medioambientales

Vamos ahora a glosar las diferencias entre una y otra, tal y como mostramos en la figura. Estamos ante un tema diferencial históricamente hablando, en el sentido de que con la crisis ecológica ya nada será como antes. Es en este tema en el que cabría utilizar con un sentido apropiado la expresión el fin de la historia, pues estamos considerando hechos de naturaleza cosmológica ante los que, acaso por primera vez, la respuesta ha de ser necesariamente global. Nos encontramos con dos planteamientos alternativos: bien incorporamos la ecología al vigente sistema de producción y consumo introduciendo al medio ambiente en el mercado, o bien optamos por sustituir el actual sistema de producción y consumo por otro ecológicamente saludable. A esta última propuesta la llamamos ecología integral.

Estamos ante un dilema de actitudes en las que interviene un criterio de racionalidad preciso. De un lado se asume la racionalidad estrecha de las actitudes humanas que defiende la economía estándar con lo que para motivar un cambio en los comportamientos hay que organizar un sistema de premios y castigos que "obliguen" a establecer ciertas pautas de conducta. Se adopta, pues, la idea de que el mercado puede domar los comportamientos irreflexivos. Motive usted al consumidor, edúquele y este votará y apoyará una política medioambiental con leyes cada vez más exigentes y obligará mediante su elección de consumo a la limpieza de las empresas, de las calles, del campo y de las casas. Esta es la postura de la ecología mercantil. En definitiva se trata de introducir al medioambiente en el mercado y abstenerse de subvencionar su depredación con lo que su carestía económica y política hará de su preservación un hecho. Se empezará contaminando menos y se llegará a contaminar sólo lo que quiera la gente. Naturalmente, este enfoque es compatible con posturas de una lógica mercantil impecable como son la exportación de residuos y la emisión de bonos de contaminación. Si la pena es económica, el dinero contamina.

Frente a esta posición, tenemos, de otro lado, la ecología integral. No se trata ya de contaminar menos sino de no contaminar y, más aún, de purificar. De lo que se trata no es de consumir sabiamente (usar papel recliclado) sino de consumir menos (usar menos papel) como consecuencia de la interiorización del problema ecológico. Por interiorización del problema queremos decir el resultado del proceso de reflexión personal que lleva a la adopción de cambios de actitud que resultan en nuevos estilos de vida.

Definitivamente apostamos por la interiorización frente a la participación que es solo una actitud pantalla que intenta cambiar lo público antes que lo privado . La postura que defendemos con la interiorización es precisamente la opuesta a la manifestada con la frase: "nada se arreglará aunque yo cambie por eso vamos a esperar a que nos pongamos de acuerdo todos". La ecología integral manifiestamente defiende que hemos de conseguir cambiar nuestro modo de actuar a nivel individual para poder dar sentido a cambios culturales de carácter global. El ámbito de lo privado es la puerta de entrada a la cultura pública.

El problema que estamos tratando aquí es que el marco, la estructura socioeconómica y cultural, en la que operamos traduce los deseos por un desarrollo equilibrado y armónico y un estilo de vida ecológico, en propuestas y prácticas políticas insostenibles a plazo indefinido (ecología mercantil). Desafortunadamente, la cadencia de las transformaciones medioambientales globales raramente ha sido estudiada haciendo referencia a los factores culturales. Como consecuencia, pocas veces hemos enfocado el problema del desequilibrio económico y del deterioro medioambiental como problemas de concepto y sí como problemas de desajuste, y por tanto, pocas propuestas culturales alternativas han sido planteadas al sistema capitalista de producción y consumo. Así, los deseos por un cambio estructural que solucione los problemas ecológicos se traducen en políticas de ajuste a corto plazo que no hacen sino apuntalar la pervivencia del sistema en el plano teórico, pero que al mismo tiempo no pueden sobrevivir a una crítica planteada desde una genuina perspectiva global y diacrónica.

El debate cultural tiene aplicaciones para los técnicos más allá del estilo de vida que adopten, por ello hemos de referirnos ahora a la relación entre desarrollo tecnológico y preservación del entorno.

QUÉ TECNICAS SI Y QUÉ TECNICAS NO

El debate sobre si la técnica es neutral o no está todavía vivo entre los científicos sociales. Depende del punto de vista que se defienda para que se detenten unas posturas pesimistas u optimistas sobre el avance tecnológico y la implicación que este puede tener sobre el mantenimiento de la habitabilidad del planeta. Por lo general la postura optimista representa la confianza en los recursos humanos y la habilidad para adaptarse a las circunstancias a través de mecanismos autónomos, como puede ser el mercado. Los neoclásicos que han apadrinado el concepto de capitalismo verde (Lewis,1992), e incluso los libertarios (Block,1990), apuestan por el optimismo tecnológico y mercantil frente al reto que plantean los problemas medioambientales. Para muchos de estos autores el crecimiento económico ya no está sustentado y fundamentado en la explotación de recursos naturales sino en el desarrollo tecnológico. Para ellas el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico que conlleva suponen una garantía de superación de la crisis ecológica (Reilly,1990). Podemos hablar, pues, de una economía de la esperanza (Freeman,1992) basada en el avance tecnológico y principalmente en la biotecnología, los nuevos materiales y las nuevas tecnologías de la información. Algunos autores de éxito en los años 80 como Toffler (1980), Naisbit (1982) y Masuda (1981), empezaron a conformar el grupo de los defensores de la tecnofilia para los que existe un futuro brillante y lleno de posibilidades de crecimiento y bienestar.

Contra lo que parecía adivinarse con esta visión, los datos que tenemos nos dicen que las tecnologías de la información (educación y compra a distancia, trabajo en casa, reuniones a distancia, etc.) no han reducido el volumen de desplazamientos y por tanto la emisión de gases contaminantes. Más bien al contrario, las prácticas del just in time y de la diversificación de la oferta han producido una tendencia hacia la proliferación de intercambios de una mayor variedad de mercancía en volúmenes menores lo que multiplica el transporte (Tanja y Leijer, 1989). El consumo de papel, por otro lado, se ha multiplicado exponencialmente (de Boer,1989). Cuando se ha producido, generalmente por fuerza de legislación ad hoc , una mejora de las condiciones ambientales, se han utilizado nuevos recursos biotecnológicos que se han añadido a una cadena de mecanismos de producción ya existente con lo que en muchos casos se ha dado a los procesos que componen esa cadena visos de continuidad aun cuando la tecnología empleada fuese ecológicamente deficiente. Por último, si nos referimos a los nuevos materiales, observamos que el criterio de desarrollo de los mismos no está ligado necesariamente a consideraciones ecológicas sino primariamente a criterios de rentabilidad inmediata (Vergragt y Groenewegen, 1987), lo que en muchos casos origina serios problemas de vertidos y reciclaje. Los hechos de los últimos años no avalan las predicciones optimistas que Toffler y otros hicieron en 1980. Sin embargo, sí que existen en las nuevas tecnologías unas potencialidades teóricas ecológicamente positivas. ¿Cómo es que todavía no se han materializado?

Para saber cuáles son los condicionamientos de una tecnología avanzada y ecológica situemos primero el marco en el que nos movemos. En vista de los descubrimientos recientes y las posibilidades de innovación podemos afirmar que el advenimiento de la era tecnológica todavía está en sus inicios. Las propuestas de innovación van muy por delante de la implantación, lo que nos dice que la velocidad de la investigación supera, en estos momentos, la capacidad de asimilación. Aquí radica una de las premisas que hacen que cada vez sea más difícil predecir el futuro estado del desarrollo tecnológico: no sabemos cuáles de las variadas innovaciones científicas acabarán por implantarse de manera generalizada.

CONDICIONAMIENTOS TECNOCIENTIFICOS

Sostenibilidad

Segura e inagotable fuente de energía

Eficiencia de uso de energía y recursos

Reutilización de derivados y reciclaje

Inteligente

Viva

Olsen (1991) propone una serie de condicionamientos para la catalogación de tecnologías avanzadas como ecológicamente viables al cien por cien que básicamente se resumen en las seis características que vemos en el cuadro. En primer lugar, han de ser capaces de ser usadas por un número ilimitado de personas durante un período ilimitado de tiempo (sostenibilidad); han de basarse en una fuente de energía absolútamente segura per se e inagotable; han de reportar altos niveles de eficiencia en el uso de recursos y energía; han de posibilitar la reutilización de derivados y el reciclaje de los productos; han de ser capaces de retroalimentarse informativamente hablando, orientando su aplicación y mejoramiento en base a su impacto global; y, por último, han de incorporar procesos de adaptación y versatilidad que generen capacidad de respuesta a retos diversos.

Como vemos, con estos condicionamientos ponemos unas exigencias notables al concepto de tecnología avanzada con lo que quizá entendamos mejor ahora que estamos todavía en la infancia del desarrollo tecnológico. De todas formas, no solo hemos de ver la tecnología en sí sino su implicación sociocultural.

En un informe de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas presentado en 1979, Johan Galtung fue uno de los primeros autores que, separándose de la clásica disputa entre tecnofilia y tecnofóbia, argumentaba a favor de un cambio de énfasis que pusiese en el centro de las investigaciones la consideración de la estructura sociocultural dominante que orientaba el desarrollo técnico. En el contexto de los sistemas mundiales, que tan bien han analizado Wallerstein (1974,1980,1989) y sus seguidores, la estructura cognitiva de la cosmología social occidental produce, en opinión de Galtung, una dicotomía centro-periferia donde la tecnología y su implantación son al mismo tiempo causa y consecuencia del encumbramiento de valores culturales típicamente occidentales. El análisis de Galtung ya avanzaba que aunque las nuevas tecnologías estaban satisfaciendo necesidades materiales básicas, las necesidades no materiales de la periferia quedaban postergadas. Del mismo modo, quedaban obviadas las necesidades de esa periferia eterna constituída por las futuras generaciones y por el entorno medioambiental que tendrá que cobijarlas. Básicamente se arguye que la tecnología occidental tiene un carácter centrista y por tanto produce y agudiza los desequilibrios. Galtung proponía la introducción de técnicas que pudiesen incardinarse en nuevas estructuras cognitivas y que con una mezcla óptima de tecnologías duras y blandas pudiesen satisfacer también las necesidades no materiales de la globalidad.

CONDICIONAMIENTOS ESTRUCTURALES

Tecnologías para la democracia

Tecnologías para la dominación

- Interactividad
- Universalidad: diversidad y cobertura
- Capacidad de canales; máxima elección
- Diversidad de contenidos
- Escaso ruido: consensos
- Alta velocidad: disminución de burocracia

- Transnacionalización
- Indígenización: tribalismo y caciquismo
- Democratización envolvente; uniformidad
- Totalitarismo: control

Tehranian (1990) desarrolló después, ya en nuestra década, esta perspectiva desde lo que él llama tecnoestructuralismo (la tecnología no es ni buena , ni mala, ni neutra -siempre influye para bien o para mal-). El desarrollo tecnológico depende de las necesidades institucionales y su impacto se regula a través de acuerdos entre los factores sociales y las instituciones. Si deseamos un impacto globalmente positivo, hemos de estudiar el marco o estructura global en el que esperamos que operen. Hemos de considerar, pues, los condicionamientos tecnológicos de un sistema democrático con perspectivas de globalidad. Para Tehranian, como mostramos en la figura, esto resulta en evitar cuatro peligros, a saber: la transnacionalización de las grandes corporaciones independientes, el nacionalismo sectario, el encumbramiento de la vecindad (artificial) en prejuicio de la afinidad (natural), y la ausencia de áreas privadas. Por el contrario, habría que fomentar seis características: la interacción que ha llevado a algunos a hablar de teledemocracia; la universalidad, que impediría que el 90% de los canales de comunicación mundiales estén controlados, cual es el caso hoy, por el 10% de la población; la ampliación de las posibilidades de elección; la inclusión de la diversidad cultural y los diversos sistemas cognitivos; la aceptación de las reglas del comportamiento democrático; y la disminución de obstáculos burocráticos, administrativos y políticos. Una tecnología inserta en estas características socioculturales sería una tecnología genuinamente democrática que, para Tehranian, como para Galtung, garantizaría un balance social positivo. Aquí incluimos ciertamente el aspecto medioambiental pues como Booth (1994) y otros autores han demostrado, las organizaciones democráticas tienen un comportamiento ecológico más ligado a los requerimientos de mantenimiento de las constantes medioambientales que las no democráticas.

Naturalmente los condicionamientos tecnológicos que hemos representado son exigentes pero al mismo tiempo representan un catálogo de mínimos. Reconozcamos que los desafíos ecológicos son muy notables y que tanto las innovaciones tecnológicas como los requerimientos democráticos distan mucho de implantarse globalmente. Si la tecnología está en su infancia, también lo está la democracia, sobre todo si consideramos en el marco de análisis de los sistemas mundiales la exclusividad y los límites a la libre circulación con que se abrogan muchas de las naciones-estado reconocidas como paradigmas de democracia. Esto representa un serio obstáculo a nivel teórico para que la cultura democrática pueda considerarse como característica del sistema-mundo en el que los problemas ecológicos y la ampliación del mercado nos han posicionado.

ES UN PROBLEMA CULTURAL

Dos parecen ser las primeras consecuencias que podemos sacar de nuestra exposición, tal y como la hemos conducido hasta ahora. Una es, y en esto coincidimos con Saemann (1992) y otros, que es necesario un cambio dramático de actitudes y expectativas para conseguir una economía social y ecológica en lo que se refiere al desarrollo tecnológico y un impacto ambiental. Otra es la necesidad de establecer vínculos de comunicación operativa de carácter no dominante entre la ciencia, la industria y el entorno político en el contexto democrático al que nos acabamos de referir.

Para conseguir esto último no sólo son necesarias nuevas iniciativas y estrategias con marcado sentido experimental, como las que representan el debate ya iniciado por Schumacher a principio de los 70 sobre la tecnología intermedia. Es necesario un replanteamiento sobre el mismo concepto de desarrollo tecnológico. No estamos sólo enfocando unos problemas técnicos sino un problema social, político e institucional (Bhala; 304). Así, si la introducción de tecnologías avanzadas solo depende de la dinámica interna de las necasidades mercantiles de los agentes comerciales institucionales, el aumento de los desequilibrios globales y la concentración de intereses se harían más patentes todavía. "Los períodos históricos no se diferencian tanto por la tecnología como por las variables en modos de conflicto y organización"(Ernst, D. en Wad 1988; 67). Naturalmente la relación ciencia-sociedad y el diálogo política-tecnología han de enmarcarse dentro de parámetros culturales adecuados y socialmente asumidos. A este respecto creemos conveniente reseñar los esfuerzos de algunos autores por proponer marcos de entendimiento adecuados. Dobson (1993) sugiere un nuevo planteaniento de las relaciones entre la esfera económica y el entorno político en base a la experiencia del sistema de intercambios LETSystem de Canadá y al trabajo cooperativo en localidades lo suficientemente pequeñas donde pueda darse una cultura comunitaria. En este sentido, es también interesante la última aportación de Etzioni (1993), embarcado ahora en un proyecto sociopolítico que él denomina la agenda comunitaria y que supone una inyección de valores comunales para revitalizar la vida política desde la base. Nuestra opinión incide en la necesidad de actuar a través de parámetros culturales y sociales. Hemos de pasar de una cultura hipnotizada por el avance tecnológico en sí mismo a otra en la que las perspectivas de sofisticación tecnológica encajen dentro de una cultura de desarrollo integral en la que también se contemplen necesidades no materiales y las demandas de armonía y equilibrio globales y futuras.

Es decir, además del diálogo ciencia-cultura, o mejor, para encauzar ese diálogo, vemos perentorio un dramático cambio de actitudes y expectativas. El hecho que hemos comentado es que las posibilidades de positiva contribución de las nuevas tecnologías hacia la preservación del medio ambiente y la prevención de una crisis ecológica de no retorno, no se han eventuado ni parece que vayan a eventuarse dada la naturaleza de los retos planteados. Los cambios y las innovaciones necesitan de un giro cultural adecuado, primero en la sociedad en su conjunto y después en las organizaciones y corporaciones industriales y comerciales. Siguiendo a Cramer y Zegvel (1991), abogamos por una sustitución del énfasis que actualmente se pone en generar tecnologías de adición (que se suman a los procesos tecnológicos existentes para hacerlos ecológicamente más saludables) por otro dirigido a la generación e implantación de tecnologías integradas y de proceso completo que cumplan los rfequisitos ecológicos culturalmente exigidos. Esto supondría: una mejora del proceso para reducir tanto los inputs : agua, energía y materiales, como los outputs: derivados, residuos y basuras; un diseño que permita el recambio de materias primas; una capacidad de innovación para ofrecer productos alternativos; y, el desarrollo de la capacidad de retroalimentación mediante la reutilización de materiales. Así, estaríamos cambiando de una situación de predominio de tecnologías que limpian a una tecnología verdaderamente limpia.


PARADIGMA CULTURAL ALTERNATIVO

PARADIGMA CULTURAL DOMINANTE

- Enfasis y proyección de futuro
- Valores femeninos
- Comunidad
- Educación
- Ecología integral
- Postmaterialismo
- Libertad con responsabilidad
- Familia, trabajo y naturaleza

-Enfasis y actalización del presente
- Valores masculinos
- Asociación
- Consumición
- Ecología mercantil
- Materialismo
- Seguridad y eleción de riesgos
- Estado, trabajo y ocio

El origen del cambio está, sin embargo, en constantes culturales. Como ya hemos apuntado en otro lugar (Pérez Adán 1993) y como exponemos en la figura, estamos hablando de un cambio de paradigma. Es un hecho que el sistema global en el que vivimos hoy en día obliga a ampliar nuestros conceptos de solidaridad y de servicio hasta abarcar el horizonte completo de la globalidad. En este sentido, es necesario que consideremos a la solidaridad y al espíritu de servicio como verdaderas virtudes planetarias. Hoy por hoy, la naturaleza de los problemas ecológicos que tenemos planteados, la necesidad de buscar alternativas al sistema imperante de producción y de consumo, y sobre todo la urgencia de remediar los desequilibrios globales, hace pertinente, porque todos estos problemas están relacionados, un desarrollo armónico y general de las virtudes colectivas que canalizan toda regeneración cultural.

Al final todo viene a centrarse en torno a una sustitución radical. Se trata de un cambio sustantivo, opuesto a cualquier tipo de identificación a través del mero trueque de conceptos, entre el beneficio y el servicio. Es un cambio de dimensión. Pasamos de operar con criterios acumulativo-adquisitivos, a trabajar con vistas al crecimiento cualitativo mediante el servicio continuo y sostenido. En la sociedad global esto es únicamente factible solo si además de las relaciones interpersonales consideramos los niveles estructurales. Bien sabemos que la sociedad es algo más que la agregación de individuos y que las virtudes colectivas no son el resultado de la suma simple de las individuales. Por todo ello, después del fracaso de la Cumbre de Rio, vemos más claramente que la sociedad necesita un nuevo ordenamiento económico en el que la innovación tecnológica apunte a finalidades que se persiguen racional e intencionadamente. Han de cambiar las actitudes individuales y mejorar los conocimientos técnicos, pero esto sólo será verdaderamente eficaz si sabemos dotarnos de una nueva estructura financiera, comercial y laboral que tome en cuenta también los parámetros medioambientales. Si esto conlleva la búsqueda de alternativas al presente sistema de producción y consumo, eso es lo que pedimos. Pero esto, no lo podremos encontrar, como hemos expuesto aquí, en el tan manido recurso al concepto de desarrollo sostenible si lo entendemos sin diacronía y sin globalidad. Al final, creemos que todo se resume en una nueva visión de la misión empresarial alejada del simplismo de la creación de riqueza o de los beneficios y que podíamos definir, tal y como hemos desarrollado con detalle en nuestro "La Salud Social" (1999), en suministrar los mejopres bienes y servicios al máximo número de personas durante el mayor tiempo posible.

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Nota de premsa


D'acord amb un dels objectius de l'associació (fomentar la relació entre els diversos professionals (…) amb l'objectiu de comprendre la complexitat de tots els aspectes que conformen el Medi Ambient) es va promoure una conferència conjuntament amb el Col·legi d'Enginyers de Camins: "La corrección del impacto ambiental; ¿un derecho del hombre o un derecho de la naturaleza?", impartida pel professor José Pérez Adán, del Departament de Sociologia de la Universitat de València.

Va ser una aportació de caire humanista, molt profunda, a tota la qüestió de fonamentació de la relació de l'home amb el medi. El ponent va centrar el tema des del començament: "la natura, és un bé en sí o ho és per a algú?". I va respondre!: "la natura és un bé per a nosaltres-tothom-sempre". Va parlar de l'ús de la tècnica, de risc, d'esperança, de diacronia, temps i propietat… Va formular, fins i tot, la seva proposta: ecologia integral contra ecologia mercantil. Segons Pérez Adán, el problema ecològic no és tècnic o econòmic, sinó cultural.

El debat va resultar interessant, donat que, d'una manera fefaent, es va manifestar la riquesa que la pluridisciplinaritat aporta a la discussió: filòsofs, biòlegs, enginyers, advocats… funcionaris, empresaris, professionals liberals, acadèmics, etc. Es pot dir que, al poc temps d'haver encetat la seva activitat a Catalunya, APROMA és ja el punt de trobada que esperàvem.